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500 Days of Summer: Un filme con una musicalidad más allá de la expectativa y la realidad

Por décadas el amor ha sido una fuente de inspiración para miles de proyectos cinematográficos que han logrado llegar a la pantalla grande y ganarse un lugar en el gusto del público; sin embargo, es justo mencionar que no es un concepto fácil de abstraer genuinamente y que su forma de ser concebido en un filme o cualquier tipo de expresión artística, depende mucho de la interpretación del autor y del cómo decide abordarlo, por lo que si tenemos que hablar de una cinta que haya conseguido crear un gran impacto de forma masiva saliendo de los convencionalismos del romanticismo, esa sin duda alguna sería 500 Days of Summer.

Dirigida por Marc Webb y protagonizada por Joseph Gordon Levitt y Zoey Deschanel, 500 Days of Summer es una película que encontró su éxito más allá del año 2009 dándole un giro muy interesante al concepto de comedia romántica, al presentar una historia no lineal en la que se muestra el amor desde una perspectiva ambivalente que refleja una errónea idealización de este sentimiento, así como los constantes cambios que los seres humanos experimentan en los diferentes aspectos de su vida, haciendo un énfasis conveniente en el mar de sentimientos que surgen al relacionarnos de manera más íntima con otra persona.

Imagen por: IMDb

No obstante, es necesario resaltar que a pesar de que 500 Days of Summer no es una historia de amor, como se hace notar desde el inicio de la cinta, gran parte de su encanto radica en la manera poética en que se nos narra la unión de los personajes de Tom Hansen y Summer Finn; mismos que si bien no estaban destinados a terminar juntos, sí estaban destinados a cruzar sus caminos como una casualidad vivencial que los llevaría a conocerse mejor como individuos y estar preparados para encontrar a la persona correcta en el momento correcto.

Imagen por: Medium

Claro está, que para que una comedia romántica tan peculiar como esta lograra funcionar de la forma en que lo hizo, había que sumar varios componentes que se ajustaran a la perfección a la esencia de la historia; incorporando con ello una atmósfera musical que en muchas maneras funcionaba como un hilo conductor de empatía hacia la trama y sus personajes, yendo desde obvias referencias hacia bandas británicas como The Beatles, Joy Division y The Smiths, hasta dotar de una significación más profunda sus canciones al punto de llevar esas ideas a la vida real.

Es en ese sentido, que uno de los elementos más emblemáticos de la película, como lo es su musicalización, cobra total relevancia dentro del proyecto, puesto que, tanto la banda sonora compuesta por Mychael Danna y Rob Simonsen, como el soundtrack de la cinta, se convierten en parte vital de la misma como un personaje omnisciente que se hace presente de manera paralela a lo que ocurre en pantalla, haciéndonos creer que todo es posible, pero manteniéndonos objetivos en el contexto de la cinta, a tal grado de emanar un aura de casi alma gemela que explica de manera implícita todo el desarrollo de la relación entre Tom y Summer.

Por un lado, es muy interesante el encontrar varios temas pertenecientes a proyectos alternativos dentro de la selección musical que formó parte 500 Days of Summer, ya que además de lucir como un factor refrescante para la cinta y los oídos del espectador, principalmente fungen como una guía que marca de manera velada el ritmo del relato, clasificando consigo los buenos y malos momentos que van experimentando nuestros protagonistas conforme se va creando ese vínculo conjunto.

Es así que entre las canciones que podemos escuchar en la película, tenemos piezas como “Bad Kids” de Black Lips, “There Goes The Fear” de Doves, “Us” de Regina Spektor, “She’s Got You High” de Mumm-ra, entre algunas otras más; sin embargo, uno de los temas que más se destacó en el filme por la forma en que se presentó, fue “Sweet Disposition” de The Temper Trap, dado que gracias a su energía y dinamismo sonoro, logró encajar magníficamente en aquella escena donde Tom le va mostrando a Summer la belleza arquitectónica de Los Ángeles, siendo este un acto simbólico de las maravillas que podrían edificar en un futuro estando juntos.

Asimismo, al no ser 500 Days of Summer una historia de amor, la musicalización juega un papel importante al representar emociones y sentimientos que a larga logramos identificar como un aspecto que nos permite ponernos en los zapatos de los personajes en cuestión y comprender mejor por lo que están pasando; teniendo grandes ejemplos de ello en canciones como “You Make My Dreams” de Hall & Oates, con la cual Tom estalla de felicidad al haber consumado de manera física su amor por Summer en un montaje lleno baile y brillantes tonos azules que nos hacen recordar que estamos viendo una comedia romántica, o “Quelqu’un M’a Dit” de Carla Bruni, con la que se busca evidenciar la inevitable sensación que tiene Tom de saber que a pesar de todos sus esfuerzos, no pudo conquistar el corazón de su amada, quedando en él solo la añoranza de la bella y fugaz relación de la que fue participe días atrás.

Aunque, si hay que señalar a un par de piezas musicales que se establecen notablemente bajo este criterio dentro del soundtrack de 500 Days of Summer, indudablemente esas serían “Hero” de Regina Spektor y “Vagabond” de Wolfmother, puesto que ambas actúan en momentos cruciales de la historia como la viva imagen de la dualidad sentimental que converge en una persona tras una dolorosa ruptura; la primera como reflejo de aquella pequeña luz de esperanza que se va apagando y a la que muchas veces nos aferramos cuando vemos a nuestro “verdadero amor” alejarse de nosotros, mientras que la segunda, hace referencia a esa etapa en la que por fin decidimos ponerle un alto a la compasión y la lástima que sentimos por nosotros mismos, para ponernos nuevamente en pie y aventurarnos a salir una vez más al mundo.

Por otra parte, y como era natural en una película de este tipo, la cultura musical y el soundtrack de 500 Days of Summer también toman lugar en la construcción de los personajes, reforzando su personalidad y brindándonos un concepto más tangible y aterrizado de sus ideas, sus sentimientos, sus motivaciones y hasta de sus decisiones; es por ello que desde un inicio se nos hacen evidentes detalles como el que la idealización del amor que tiene Tom se debe a verse influenciado desde una temprana edad por las melancólicas canciones de un género como el britpop, o el que el Beatle favorito de Summer es Ringo Starr, porque no le gusta seguir los convencionalismos que rodean al cuarteto de Liverpool.

De igual forma, cabe señalar el que dentro de la película hay referencias sutiles que enfatizan este recurso musical, teniendo prueba de ello en la secuencia del karaoke donde Summer interpreta la canción “Sugar Town” de Nancy Sinatra, denotando en su elección cierta coherencia con su esencia relajada e independiente que siempre la caracterizó; mientras que, en el caso de Tom, él optó por cantar el tema “Here Comes Your Man” de la banda Pixies, el cual seguramente no fue ninguna casualidad, ya que se podría entender como una indirecta hacia Summer de que por fin había conocido al hombre de su vida.

Pero de cierto es, que no sería posible el hablar de manera concluyente de la influencia musical que forjó a la película misma y a los personajes de Tom Hansen y Summer Finn, sin darle el merecido reconocimiento a la banda que ejerció como factor determinante para que ambos cruzaran sus caminos más allá de una relación laboral y un amor platónico; teniendo que referirnos ni más ni menos que a The Smiths.

Y es que en este punto el destacar la presencia de The Smiths dentro del soundtrack de 500 Days of Summer no sería suficiente, ya que, además de ser la personificación musical de la aflicción, la melancolía y la nostalgia que rodea a la cinta; la trascendencia de la agrupación británica fluye en múltiples direcciones, pasando a ser parte de un concepto que se entrelaza finamente con su música para crear un todo que se va desplegando en fragmentos que podemos divisar en aspectos sencillos como la representación de los profundos sentimientos que Tom tenía hacia Summer con canciones como “There Is A Light That Never Goes Out” y “Please, Please, Please, Let Me Get What I Want”, hasta pensamientos más complejos como la innegable necesidad de tener un sentido de pertenencia respecto a ideales poéticos de alguna expresión artística o la importancia de la identificación con otra persona a través de gustos semejantes para crear vínculos afectivos.

Ciertamente es que no hay manera de imaginar 500 Days of Summer sin las canciones de The Smiths como parte de su soundtrack, y mucho menos sin la figura que representa la banda para la película, pues basta con pensar que la ausencia de aquella frase que nos dice que “Hay una luz que nunca se apaga”, haría que este proyecto cinematográfico aguafiestas del romance perdiera ese sigiloso mensaje que entrelineas nos aconseja, que más allá de cualquier fantasiosa expectiva o gris realidad, para poder disfrutar del amor plenamente a lado de la persona correcta, se necesita cerrar los ojos y tener un poco de confianza en que tarde o temprano hallarás esa luz al final del túnel que tanto deseabas encontrar.

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