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Notas

La evolución del género desestabilizador de masas

Rastrear completamente el origen del rock and roll constantemente suele ser un tema de discusión entre los conocedores; sin embargo, algo que es bien conocido por todos, es la innegable relación que el rock tiene con géneros como el góspel, el blues, el R&B y el country, los cuales fueron precursores de este y sirvieron como antecedente e influencia para la gestación del rock; teniendo todos como punto de partida un elemento en común: Eran música creada por y para minorías.

Y es que debido al contexto histórico y social que se presentaba en los Estados Unidos durante los inicios del siglo XX,  la música fungió como una válvula de escape en aquella cruel realidad en donde las guerras, la pobreza y la marginación a ciertos sectores de la población como los afroamericanos, los inmigrantes irlandeses y  la gente blanca de zonas rurales.

Posterior a esto, la revolución de esos sonidos melancólicos con tintes de esperanza que el blues y el góspel ofrecían, llegaría con las guitarras eléctricas, pasando así a un colorido y desafiante ritmo llamado R&B, mismo que ganaría gran popularidad durante los años 40 y 50, dejando la mesa servida para el nacimiento del género desestabilizador de masas.

La primera vez que se escuchó hablar sobre rock en concreto fue en 1951 cuando el locutor y disc-jockey Alan Freed arrancó un programa en la radio bajo el nombre de Rock and roll party, en el cual promovía música de R&B, pero sin catalogarla como “música de negros”, acuñando el terminó de rock and roll; el cual sería impulsado por el furor que ya causaba en la juventud estadounidense este tipo de música; sin embargo, y para comenzar a hablar del rock and roll con toda plenitud, es necesario mencionar a un par de personajes que serían los estandartes de los inicios del género y que hoy son leyendas que no necesitan presentación alguna, Chuck Berry y Elvis Presley.

Si bien debemos situar que a principios de los 50 el rock comenzaba a arrasar entre los adolescentes con baladas de amor, sería a mediados de esa década que con Chuck Berry el rock cobraría sentido como algo más cercano a la juventud, algo así como una energía que conectaba con su yo interno y que por fin lograba exteriorizarse a través de la música, Y es que en palabras de John Lennon, si el rock tuviera que llamarse de otra forma, sería “Chuck Berry”.

Por otra parte, Elvis Presley, que también fuera inspirado por el trabajo de Berry, terminaría siendo quien agrupara los elementos musicales y estéticos que catapultarían la popularidad del rock and roll entre miles de señoritas que suspiraban por él y sus movimientos de cadera, así como entre los novios que aun celosos, disfrutaban de escuchar su inigualable voz acompañada por su guitarra.

De esta forma fue como entre toda la euforia juvenil de esa época que el rock se convirtió en un emblema de un movimiento de masas que  hacía más que escuchar “música excitante, ruidosa, estridente y catártica, que ofendía inevitablemente a los adultos”; como el periodista musical Diego Manrique documenta, se catalogaba en ese entonces al rock; puesto que el impacto cultural se comenzó a dar de la mano de la cinematografía, pautando en las cintas de Marlon Brando y James Dean la imagen de rebeldía acotada en la actitud y la vestimenta.

Y después ¿Qué pasó con el rock?

Bueno, posterior al precedente asentado durante su génesis en los Estados, el rock en los 60 vio cambios importantes, desde establecer un estilo de música más instrumental, hasta la llegada de la famosa “Invasión Británica”  con míticas bandas como The Beatles, The Rolling Stones, The Who, The Kinks, Cream o Pink Floyd; la cual no tardaría en tener su respuesta por el lado norteamericano con nuevas propuestas, tales como Jimmi Hendrix, The Doors, Janis Joplin y hasta los californianos Beach Boys.

Durante esta época el rock jugó un rol importante en la revolución cultural y social que se estaba desarrollando en el mundo, reflejando en sus letras ideas sobre la liberación juvenil, el pacifismo o el apoyo a los movimientos sociales que se estaban gestando en ese momento, tales como estudiantiles y obreros; todo esto sin perder el toque que le daba sentido al rock por sí mismo; confluyendo paralelamente con el movimiento hippie y dando pie a uno de los eventos más grandes de la historia, el Festival Woodstock.

Para cuando llegaron los años 70 el rock estaba involucrado con el mundo y el mundo estaba involucrado con el rock, pero como en todo, esta moneda tenía dos caras y el desencanto por el género se empezó a hacer evidente. El rock se había compenetrado de forma importante a la cultura urbana y para muchos la significación del mensaje que el rock mandaba era bastante profunda, pero para muchos otros, el rock le había dado la espalda a lo que le dio origen y se había unido a la cultura mainstream.

El rock siguió haciéndole frente al mundo, las bandas que habían surgido en los 60 habían creado un mundo rentable para el género y nombres como Black Sabbath, Led Zeppelin, David Bowie, Queen o AC/DC hicieron eco en la cabeza de millones; no obstante, así como el mercado se abrió para el rock, también lo hizo para la música disco, la cual abarcó en gran medida las listas de popularidad.

Fue así como se dio origen a nueva oleada rockera que vería la luz en los suburbios neoyorkinos y londinenses, el punk-rock, una vertiente del género que hurgaría en los fundamentos del rock y se adaptaría a su presente con un carácter y un lenguaje más agresivo.  El autor Andrés Barrios López expone en su libro 35 años del rock en Panamá, que el punk rock de esa época  “retomaría la rebeldía acompañada de una dosis de anarquismo, placer y politización”, dando como resultado una camada de bandas que trascendieron por un trabajo más desdeñado y lejos de la industria que marcaba los parámetros de lo que significaba el rock, teniendo entre ellas a The Ramones, The Clash, Sex Pistols, Talking Heads, The Dictators, etc.

Posteriormente, más géneros y subgéneros musicales aparecerían como reflejos culturales o de ideales, que fungirían como una respuesta a la música de contracultura que reinaba, siendo los 80 donde esa amplia variedad de propuestas y la mezcla entre otras ya existentes se vieron mayormente proyectadas. Así el new wave tuvo cabida junto al rap, el post-punk con el techno y así sucesivamente, permitiendo que la diversidad se pudiera palpar firmemente con bandas como Depeche Mode, The Cure o The Smiths; sin embargo, el rock como lo conocíamos apagaba su llama de una forma extraña de explicar.

El hard rock se colaba entre lo que sonaba en la época y muchas grandes bandas como lo son Metallica, Mötley Crüe, Guns and Roses o Whitesnake se encontraban ahí, formando parte de una imagen de glamour que derivaba en estilo de vida lleno de excesos y que desvirtuaba todo lo que el rock había significado por tantos años para dar paso a una nueva idea que seguía a un falso profeta.

Llegados los años 90 hay un cambio sustancial, la conciencia social del rock vuelve a despertar y toma acción en dos movimientos, cada uno en respuesta a su contraparte territorial, algo que hacía recordar viejos tiempos. En representación de Estados Unidos, surgió el grunge  o rock alternativo, caracterizado por el uso de guitarras distorsionadas, mayor pesadez en la batería y el utilizar liricas más oscuras. Según Alberto, autor del artículo Los años 90: La historia del rock en unas pocas canciones, “el grunge se desarrolló con más agresividad como contraposición a la música pop y glam-metal que copaba las listas de éxitos”.

Considerada como la cuna de los incomprendidos, Seattle fue testigo de cómo las más afamadas bandas del grunge como Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains o Soundgarden crearon un movimiento que veía un espíritu colaborativo entre ellas para impulsar su música, y en la que el protagonista era la crítica al sistema, misma que quedaba plasmaba en cada una de sus presentaciones, que se caracterizaban por ser un cumulo de agresividad .y que terminaban por parecer una protesta única e irrepetible cada vez que subían a un escenario.

Desgraciadamente, pareciera que el éxito que llegó intempestivamente al grunge fue el mismo que terminó con él, de pronto todo el mundo escuchaba y quería hacer grunge, fue así como poco a poco el brillo opacaba la sinceridad que en un principio le daba sentido al género y al llegar la muerte de Kurt Cobain, Layne Stanley y Shannon Hoon, personajes que impulsaron a esa generación bandas, el grunge se fue apagando.

Del otro lado del charco, en el Reino Unido, también se empezó a cocinar un movimiento que buscaba en cierta forma algo opuesto a lo que las propuestas norteamericanas estaban generando, el britpop. Influenciados por la música de los 50 y 60, el britpop se empezó a abrir paso en el gusto del público bajo la fórmula de melodías más suaves como base y letras que eran más digeribles y de temas más cercanos a la cotidianidad británica.

Un elemento que destacó entre los representantes del britpop fue el sentido de nacionalismo, el cual era muy obvio y tanto se notaba al hacer de la bandera británica un símbolo del movimiento; por lo que las comparaciones con lo que sucedía en Estados Unidos no se hicieron esperar, abriendo una competencia “declarada”. En 1993 cuando el género estaba tomando mayor fuerza, se le cuestionó a Damon Albarn, vocalista de Blur,  sobre si eran una banda  “anti-grunge”, a lo que respondió “Bueno, eso está bien. Si el punk apareció para eliminar a los hippies, entonces yo estoy eliminando al grunge”.

A pesar de estar en una causa común, para las bandas británicas como Oasis, Blur, Suede, Pulp o Supergrass no existía una escena, el odio que había entre ellas era notorio y básicamente cada quien jalaba agua para su molino, factor que en cierta forma desgastó lo ya logrado, siendo finalmente el bajón en la calidad musical y las rencillas internas entre integrantes de las bandas, las cuales terminaban en desintegraciones, las que finalmente hicieron que el britpop se fuera cuesta abajo.

Cuando llegó el año  2000, el rock pasó a ser un género más, que vivía en una constante competencia con el pop, la cual se veía en gran medida pérdida y que a pesar de ser una parte autosustentable de la industria musical, ya no generaba a las grandes bandas que habían logrado trascender en la atemporalidad de la humanidad.

Las regresiones a rescatar otros subgéneros del rock se hicieron presentes, además de continuar realizando mezclas con otros géneros con los que quizá en un pasado ni siquiera se hubiera encontrado algún tipo de compatibilidad, todo esto con el particular impulso de llegar a una nueva generación que tiene todo al alcance de sus manos.

Actualmente pocos son los actores que mantienen viva la llama de lo que fue el rock y eso ha dado paso a que se le otorgue una significación más cercana a la de la cultura del consumismo y a su vez, otra en la que se habla bajo reservas de preservación de su esencia principal ligada al constante cambio de la sociedad y las normas que la rigen.

Y es entonces cuando la pregunta más polémica de los últimos años surge ¿el rock ha muerto?

Imagen por: Metal Symphony

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